LOS ENFADOS QUE NOS INVADEN

Hoy quiero hablarte de los enfados que nos invaden a toda velocidad, cuando menos lo esperas.

Te corrigen una palabra y tu cara cambia… Queda un mensaje sin contestar y te molesta. Interrumpen cuando no has terminado la frase y te cambia el humor.

Sientes una rabia que ocupa más espacio de lo que debiera. Y seguramente por dentro ya sabes (o al menos intuyes) que cuando la reacción es más grande que el hecho, tu pasado se ha metido en el presente.

En consulta esto se ve con mucha claridad. El cuerpo sabe antes que la cabeza. Se encoge el estómago, se aprieta la garganta o aparece un calor en el pecho. Luego la

mente busca argumentos para tener razón. Y los encuentra, porque la mente es muy hábil cuando se trata de tapar una herida.

La expresión popular “poner el dedo en la llaga” explica muy bien este mecanismo.

La llaga ya estaba ahí. El otro roza ese punto y el dolor se despierta. Tú ves el dedo y lo apartas, pero la vida ya te mostró dónde está la llaga.

Esto no quita responsabilidad al otro. En la vida adulta hace falta poner límites, hablar claro y retirarse de ciertos lugares que son tóxicos. Pero si solo miras lo que ha hecho el otro, pierdes una información preciosa sobre ti mismo.

Eso que te irrita con tanta fuerza trae un mensaje del inconsciente. Puede mostrar una humillación antigua, una comparación familiar o una falta de amor que duele.

Por eso, las relaciones enseñan tanto. El trabajo, la familia y la pareja ponen delante aquel viejo sentir que todavía no se sanó. Así trabaja la vida con nuestras cuentas pendientes: a veces con poca delicadeza, pero siempre es un limpio espejo cargado

de cristalina verdad emocional.

¿Y cuando empieza la libertad, entonces?

Cuando puedes detenerte antes de reaccionar. Ves la imagen en el espejo, reconoces la llaga tras él, respiras, y bajas al

cuerpo a sentir. Y allí, donde duele tanto, encuentras algo tuyo esperando ser reconocido. Entonces, la situación externa se vuelve ayudadora, una inofensiva caricatura de tu pasado, que está ayudando a verte.

Te dejo hoy con una práctica simple pero profunda.

Recuerda una irritación reciente, lleva la atención a tu cuerpo y, al sentirla ahí, completa esta frase:

Me dolió tanto porque me recordó a…

Con esta reflexión te dejo, esperando que sea un tiempo de gran valor.

Un abrazo cariñoso,

Marly Kuenerz

Equipo Instituto Marly Kuenerz